Junio / June 2006
Vol. 4 Número / Issue 3
Revista/Magazine
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COLUMNISTA

Felipe Calderón: "Soy un pecador estándar"

por Jorge Ramos

Las elecciones en México ya no son lo que eran. Antes del 2000, los presidentes mexicanos escogían a su sucesor, manipulaban los resultados y las votaciones eran una farsa. Las campañas eran dóciles y sin ofensas. Y siempre ganaba el candidato del presidente. Ahora no.

Este año el candidato del presidente de México, Vicente Fox, es Felipe Calderón, del Partido Acción Nacional (PAN). Pero no basta el apoyo, a veces más que obvio, de Fox. Todas las encuestas, con la excepción de la más reciente del diario Reforma, aún ponen a Calderón detrás del candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Andrés Manuel López Obrador, y le quedan pocos días para tratar de remontar la diferencia antes de las elecciones del 2 de julio.

Hablé con Calderón (antes del primer debate) en su casa de campaña en la Ciudad de México y me sorprendió que no tuviera ojeras a pesar de estar durmiendo solo cuatro o cinco horas diarias. Este candidato de 43 años, con anteojos, poco pelo y procedente de una familia con una larga tradición política (su padre fue fundador del PAN) tiene una sola cosa en mente: quitarle la delantera a López Obrador.

"Sí, esa es la competencia", me dijo. "La diferencia entre él y yo es muy sencilla: yo voy a ser el presidente del empleo y él es el matachambas de los mexicanos".

En México hay una nueva forma de hacer política. Es una guerra sucia a través de anuncios por televisión. En el que más ha llamado la atención se acusa a López Obrador de ser autoritario e intolerante y se le compara con el presidente de Venezuela Hugo Chávez.

"No tengo por qué aprobar la publicidad que hace el PAN", me dijo Calderón, "pero estoy de acuerdo con lo que ahí se refleja. Hugo Chávez le dijo Ôcállate' al presidente Fox, lo cual nos pareció repugnante a la mayoría de los mexicanos, y López Obrador también le dice Ôcállate' al presidente Fox y lo arremete, le dice: Ôcállese chachalaca'".

López Obrador, según Calderón, "se parece a Hugo Chávez en este autoritarismo, en esa sensación de que la verdad solo la posee él y en ignorar absolutamente la ley como principio rector de la convivencia humana y la democracia".

"Déjeme tratar de entender su campaña", le dije. "(¿Su objetivo) es crear miedo en los mexicanos de que si llega López Obrador (a la presidencia) va a ser un México autoritario?"

"No", respondió. "Es simplemente decir lo que es cierto: que yo soy mejor opción que López Obrador".

"A usted también", le comenté, "lo acusan de tener muy mal genio".

"Pues no lo sé", me dijo serio. "Pero me dicen que soy un hombre de carácter... y te aseguro que a México le va a venir muy bien tener un presidente con carácter, con mano firme".

Calderón es parte del partido más conservador de México, el que más está a tono con la iglesia católica. Sin embargo, Calderón me dijo que no va a misa todos los domingos y que sólo comulga "cuando estoy en paz con mi propia conciencia". "Soy un pecador estándar", me dijo, a manera de definición.

Cuando le pregunté si estaba en contra del aborto, me dijo: "Estoy a favor de la vida". Y luego le hice una pregunta mucho más personal. "¿Qué pasa si alguien viola a su hija y quiere abortar?"

"Mira", me contestó, buscando mis ojos. "Por principio espero que eso no ocurra y voy a trabajar fuertemente para que no ocurra... Pero saliéndome de la concreción del caso (su hija tiene nueve años) sí te puedo decir que en los casos de violación, cuando la mujer que es objeto de la violación decide abortar, la ley mexicana no la penaliza... y (yo) respeto la ley porque el primer deber como gobernante es respetar la ley".

Del aborto pasamos al dinero. La corrupción ha sido uno de los problemas endémicos de la política mexicana. Sin embargo, Calderón dice (mostrándome sus dedos) que va a "entrar con estas manos limpias a la presidencia y, con estas manos limpias, voy a salir de la presidencia".

En un rápido cálculo me dijo que entre él y su esposa tenían el equivalente a unos $750.000 (por cuentas de banco y el valor de su casa) y que dicho capital había sido "ganado honradamente". Me dijo también que es el único candidato "que ha mostrado su patrimonio al público". A pesar de su capital, que es mucho más de lo que tiene la vasta mayoría de los mexicanos, rehúsa ser calificado como el "candidato de los ricos".

Y terminamos la entrevista de la misma forma en que la comenzamos, hablando de su pelea por ganar la presidencia de México.

"Yo quiero un México ganador para mis hijos", me aseguró.

"¿No era usted un niño dejado?" le pregunté.

"Jamás", contestó. "Al contrario. Me dicen el hijo desobediente... Y no me voy a resignar a dejar a México en manos de los demagogos, de la mentira política. Yo voy a pelear, y voy a ganar, por un México distinto y mejor para ellos. Estoy en esta lucha por ello".





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