Septiembre / September 2005
Vol. 3 Número / Issue 6
Revista/Magazine
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Opinión

Venezuela: juventud, estudiantes y manipulación

por Juan Juncosa

Del 7 al 15 de agosto se celebró en Caracas, Venezuela el "XVI Festival de la Juventud y los Estudiantes". El lema de este año fue "Contra el Imperialismo y la Guerra".

Venezuela, con su presidente Hugo Chávez como promotor y anfitrión, acogió en Caracas a cerca de 20.000 jóvenes venidos de múltiples países. Destacaban las delegaciones de países donde la democracia, la libertad de expresión, las garantías personales, respeto a la propiedad y nivel de vida brillan por su ausencia. Me estoy refiriendo a países como Corea del Norte, Vietnam, Libia, Cuba, Angola, Zimbabwe, etc. También había representantes de países democráticos, aunque en menor cuantía.

El Festival tuvo como patrocinante al gobierno venezolano. La "fiesta" costó alrededor de 10 millones de dólares.

Durante más de una semana se sucedieron los foros, reuniones, actos musicales, populares, etc. Los marcos principales fueron el teatro Teresa Carreño y el conjunto polideportivo "El poliedro" en la capital venezolana.

El grueso de las delegaciones se hospedó en albergues e, incluso, en cuarteles militares, como el de "Fuerte Tiuna", principal recinto de la cúpula militar venezolana. Primer improperio. Decimos 'no' a la guerra, pero duermo, como, etc. en un recinto militar.

Los jefes y mandos intermedios se hospedaron en los hoteles de Caracas, principalmente en los de 5 estrellas. Claro, somos revolucionarios, comunistas, antiimperialista, pero también tenemos jerarquías y, como no, nos gusta lo bueno.

Fue una arremetida constante contra el imperialismo opresor y al capitalismo salvaje, ensalzando a personajes como Fidel Castro, Che Guevara, Hugo Chávez y demás dirigentes de países revolucionarios, más no democráticos.

Los susodichos jóvenes y estudiantes (futuro del mundo, rezaban algunas pancartas), se dedicaron, a medida que avanzaban los días, a tomar, prácticamente al asalto lugares tan poco revolucionarios y antiimperialistas como los principales centros comerciales y tiendas de toda índole, adquiriendo ropa, zapatos y aparatos eléctricos de marcas como Sony, Nike, IBM, Microsoft, Compa y, Tommy Hilfiger. Todo lo cual exhibían con orgullo por las calles y hoteles de Caracas. En un ascensor del Hilton-Caracas, un par de jóvenes hablaban sobre las últimas adquisiciones (unos pantalones 'blue jeans') y coreando la palabra "peace, peace", uno de los estribillos del festival de marras. Un grupo de jóvenes cubanos causaron destrozos en varios negocios del centro de Caracas.

Resulta que esta vez el encuentro internacional se celebró en un "país rico", con un gobierno rico, con muchísimo petróleo, pero con un presidente que se empeña en hacerlo pobre. Un presidente que adora con delirio a su héroe Fidel Castro y no cejará hasta convertir a Venezuela en un régimen castrista-comunista. Los jóvenes disfrutaron mucho. Somos revolucionarios, antiimperialistas, comunistas pero nos gustan las cosas que producen y, si me invitas, pues mucho mejor. Desconozco dónde se celebrará el próximo festival. Pero no me extrañaría que se celebrara en un país rico. Podrían hacerlo en Estados Unidos o Europa. Las democracias occidentales son tan tolerantes, condescendientes, respetuosas de los derechos humanos que, seguramente, aceptarían ser sede de dichos festivales, aun a sabiendas que les echarían basura, por no decir otra cosa, en su propia casa, una enardecida turba de jóvenes provenientes de países donde la democracia y los objetos materiales, que tanto les encanta, brillan por su ausencia.

Además de los jóvenes, acudieron personajes como Daniel Ortega (ex presidente de facto de Nicaragua) y Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional cubana. Como no, se hospedaron en el Caracas-Hilton. ¿Por qué será que a los revolucionarios les gusta tanto el lujo y lo mejor? Cuando los sandinistas derrocaron al dictador Anastasio Somoza de Nicaragua, Daniel Ortega eligió el Hotel Hilton-Managua como su cuartel general. Ni que fuera tonto.

Estos festivales vienen siendo reminiscencias de pasadas ideologías extremistas. A Adolf Hitler le encantaba los encuentros multitudinarios de jóvenes. La antigua Unión Soviética hacia lo propio. A Fidel Castro le encantaba (ahora ya no puede), bañarse en multitudes juveniles y adoctrinables.

Uno, como comentarista, se atreve a apuntar algunos aspectos sobre ese tipo de eventos:

- El mundo está dirigido por dos fuerzas claramente establecidas: el capitalismo insertado en estructuras más o menos democráticas y los anticapitalistas y antidemocráticos, que hacen el contrapeso. El bien y el mal, el negro y el blanco, la derecha y la izquierda.

Los países que no consiguen democracias estables están en manos de gobernantes y negociantes que hacen de su oposición y beligerancia hacia los países y sistemas que, ellos llaman imperialistas opresores, su negocio. Manejan la propaganda y la demagogia a su antojo. Los medios de comunicación libre no existen y, claro, es una sola voz y una sola imagen. Vean, por ejemplo, a Cuba.

A los estudiantes y jóvenes que gritaban consignas contra el "Imperio", les preguntaría que me ofrecen a cambio. Vivir en Corea del Norte, Cuba, Zimbabwe, Libia. La respuesta es no, gracias. A cualquier padre con un mínimo de sentido común desea que sus hijos se eduquen y trabajen en una sociedad que les ofrezca un mínimo de libertad. Que triste ver a un niño de ocho años arengando, de forma desaforada, a un grupo de edades similares, sobre las bondades y logros de la revolución cubana. Qué lástima.

No me gusta el capitalismo salvaje y las secuelas del consumismo, daño al medioambiente y ansias de poder desmedido que se respira en los países desarrollados. Me gusta aun menos, muchísimo menos, lo que veo en los países, cuyos jóvenes fueron a Caracas al festival.

La sociedad, las personas con sentido común y con un mínimo de responsabilidad con el futuro de sus hijos y la humanidad, deberían plantearse un tercera vía. Ni lo uno ni lo otro. Algo mejor, más justo, más humano. La tarea no es nada fácil. Suena a imposible. Pero habría que intentarlo, antes de que sea demasiado tarde. Vislumbro a la sociedad de los países "desarrollados" embrutecida por el consumismo y las nuevas tecnologías y, en al otro lado, países cada día más pobres, más hacinados y dirigidos por los dictadorzuelos y oportunistas de siempre, donde el odio a los que tienen será cada día más acentuado y el terrorismo tendrá, según ellos, más justificación. Tampoco ayudan mucho los jefes religiosos. A ellos les interesa tener a la masa en penumbra. En eso se basa su negocio.

Juan Juncosa lleva 30 años viviendo y trabajando en Maracay, Venezuela.



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