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Febrero / February 2006 Vol. 3 Número / Issue 11 |
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El fracaso del voto mexicano en el exteriorpor Jorge Ramos No hay otra forma de decirlo: fue un verdadero fracaso el proceso para registrar a mexicanos en el exterior para las elecciones presidenciales en México. Las cifras son una vergŸenza tanto para el Congreso mexicano (que autorizó un complicadísimo y restrictivo sistema de votación en el extranjero), como para el Instituto Federal Electoral (el IFE, que organizó el registro por correo) y para las organizaciones de mexicanos en Estados Unidos (que creyeron tener más influencia de la que demostraron). Todos salimos perdiendo.Ni siquiera el 1 por ciento de los 4 millones de votantes potenciales hicieron su solicitud. Basta decir, para comparar, que un país como República Dominicana (con 9 millones de habitantes) y que tiene una población 11 veces menor a la de México (con 106 millones de habitantes) pudo registrar más votantes en el exterior para sus pasadas elecciones - 24.342 electores dominicanos registrados, según reportó el diario The New York Times - que los registrados por el IFE para las próximas votaciones del 2 de julio en México. ¿A nadie se le ocurrió preguntar a los dominicanos cómo lo hacen? Las razones de este fracaso son muchas. Por principio, las enormes restricciones impuestas por el Congreso para el voto de los mexicanos en el exterior sugerían que los legisladores sólo querían salir del paso. Tuvieron años para aplicar un sistema que funcionara. Pero como, para variar, lo dejaron todo hasta el último momento, se aprobó - el 30 de junio del 2005 - una forma de voto con muchos candados. Sí, fue histórico. Pero el simple hecho de votar requería de un esfuerzo extraordinario. Había que registrarse por correo antes del 15 de enero del 2006, adjuntando varias copias de documentos firmados, y pagar $8 o $9 por la carta certificada. Engorrosísimo. Sin embargo, el verdadero problema es que muchos mexicanos perdieron, destruyeron o dejaron su credencial de elector en México antes de venir a Estados Unidos -- donde se encuentra la mayoría de la población mexicana en el exilio -- y por lo tanto no podían cumplir con el principal requisito para votar. Yo, por ejemplo, tuve que volar dos veces a la Ciudad de México para cumplir con los requisitos del voto; una para solicitar mi credencial de elector y la otra para recogerla semanas después. Tengo la suerte de tener una tarjeta de residencia estadounidense (o "green card" como se le conoce en inglés) pero aquellos mexicanos que son indocumentados o que no tienen el dinero para viajar a México quedaron injustamente fuera de este proceso. Los obstáculos no terminaron ahí. El proceso para poner en marcha el voto de los mexicanos en el extranjero sobrepasó la capacidad organizativa del IFE. La campaña de información fue muy pobre y tardía. Todavía hoy le pregunto a muchos mexicanos aquí en Los Angeles si van a votar para presidente de México y no saben de qué les estoy hablando. El IFE es muy bueno organizando elecciones legítimas pero su fuerte no es hacer campañas de publicidad en extranjero. Es cierto que el IFE recibió una enorme responsabilidad con muy poco tiempo. Sin embargo, no pudo con el paquete de la promoción del voto. Pueden decir lo que quieran, pero ahí están los flaquísimos números de electores registrados para demostrar el fracaso del proceso. Y, claro, ahora el IFE y el Congreso mexicano se están echando la culpa unos a otros. La otra razón del fracaso con el voto en el extranjero - y hay que ser muy honestos aquí - tiene que ver con los mexicanos que vivimos en Estados Unidos. Las organizaciones de mexicanos en Estados Unidos y quienes trabajamos en los medios de comunicación en español nos equivocamos al calcular el interés de la comunidad mexicana para votar desde fuera. Es muy posible que hayamos proyectado socialmente lo que era, en el fondo, un asunto muy personal. Fui, lo reconozco, de los que durante años abogó por este tipo de voto. Incluso en algún artículo sugerí que, en una elección muy cerrada, el voto de los mexicanos en Estados Unidos podría decidir al próximo presidente de México. Bienintencionado, sin duda, pero ahora suena a exageración o, peor aún, a broma. Es posible, y esto requiere más análisis, que la desconexión de los mexicanos que viven en Estados Unidos con su país de origen sea mucho mayor de lo que imaginábamos. La política mexicana no parece ser una de sus preocupaciones principales cuando, por ejemplo, tienen que esconderse constantemente de las autoridades migratorias en Estados Unidos, buscar trabajo, conseguir una buena escuela para sus hijos y enviar dinero a sus familias en México. Los inmigrantes mexicanos siguen conectados - por las remesas, la Internet, el celular - con sus familias en México, pero no tanto con su país. Aún así, estoy convencido que si el proceso para votar fuese directo - y no por correo - con una verdadera campaña de promoción en los medios de comunicación en español en Estados Unidos, con más facilidades para obtener en el extranjero una credencial de elector, y con mucho tiempo (al menos un año) para dar a conocer las reglas del juego, los resultados hubieran sido mucho más alentadores. Demasiado tarde. Ahora hay que pensar en el 2012. |
The Mexican Absentee Voter Registration Failureby Jorge Ramos
There's no denying it: the process for registering Mexican citizens abroad to vote in the presidential elections in Mexico was a total failure.The numbers reflect shamefully on the Mexican Congress (which devised a complicated and restrictive voting system abroad), the Federal Electoral Institute (IFE) which organized the registration-by-mail, and the Mexican organizations in the United States (which believed themselves to be more influential than they demonstrated). Everyone ended up on the losing end. Not even 1 percent of the potential 4 million voters applied. In comparison, the Dominican Republic, with a 9-million population and one that is 11 times smaller than Mexico's 106 million, was able to register more voters abroad for its past elections - 24,342, according to The New York Times - than Mexico did for its upcoming elections in July. I don't suppose it occurred to anyone to ask the Dominicans how they managed it. Reasons for this failure are many: Congress imposed such huge limits for Mexicans abroad to vote that it gave the appearance it simply wanted to be done with the issue. They had years to implement a working system. But, as usual, everything was left till the last minute, and finally on June 30, 2005, a form for voting was passed with many restrictive clauses. Yes, it was a landmark decision. But it made the simple act of voting an awful ordeal. Absentee voters had to register by certified mail before the Jan. 15, 2006, deadline, attach multiple copies of signed documents and pay $9 in postal charges. Very cumbersome for many Mexicans, who had lost, destroyed or left their voter ID behind before emigrating to the United States - where most Mexicans in exile reside. Thus they were unable to fulfill the main requirement for voting. I, myself, had to fly to Mexico City twice in order to comply with voting requirements: the first time to fill out the form for my voter ID, and the second to pick it up weeks later. I am lucky enough to have a green card (American residency card) but those Mexicans who are undocumented or do not have the means to travel to Mexico were unfairly left out of the process. The stumbling blocks did not end there. Putting into effect the Mexican vote abroad surpassed the IFE's organizational capability. Campaign information was pitiful and late. Even now, I ask many Mexicans here whether they are going to vote in the Mexican presidential election and they do not know what I am talking about. Imagine the case of Mexicans in other areas of the United States where their numbers are smaller. The IFE is very good at organizing legitimate elections in Mexico but it certainly is not adept at campaign advertising abroad. It was given a huge responsibility but very little time. It just couldn't handle the job of promoting the vote. For whatever reason, the pathetically small number of registered voters reflect the failure of the process. As a consequence, both the IFE and Congress are now playing the blame game. The other reason for this voter failure, to be honest, has to do with us Mexicans living in the United States. The Mexican organizations here and those of us who work in the Spanish language media made a wrong calculation of the Mexican community's interest in voting from abroad. It is possible we made social projections of what was basically a personal matter. And I admit I was one of those people who championed this absentee method of voting. I even suggested in an article that in a tight election, Mexicans in the United States could decide the next Mexican president. However well-intentioned, it was an overstatement, to say the least. Further analysis, perhaps, might reveal that the disconnection of U.S. -based Mexicans with their native country is much greater than we imagined. Mexican politics doesn't seem to be a priority for them while they live in constant fear of U.S. immigration authorities, search for jobs, look for schools for their children and send money home to families in Mexico. Mexican immigrants are indeed connected - by the remittances, the Internet, cell phones - with their families back home, but not so much with their country. There is also a justifiable resentment towards Mexico. It is, after all, the country that expelled them. Whether Andres Manuel Lopez Obrador, Felipe Calderon or Roberto Madrazo wins makes no difference to their lives in the United States. Perhaps that explains, at least in part, the lack of interest. Nonetheless, I'm still convinced that if the voting process were direct- and not by mail - with solid campaign promotion in Spanish-language mass media in the United States, with greater facility to obtain voter IDs abroad, and more time beforehand (at least a year) to learn the rules of the game, the results would have been much more encouraging. Too late. The year 2012 is what we have to think about now. |
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