Junio / June 2003
Vol. 1 Número / Issue 3
Revista/Magazine
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Locales

Seguridad laboral en los mataderos

Por Enrique Carrión

Juan trabajó en un matadero donde colgaba pollos calientes. Después de ocho meses en este trabajo, comenzó a tener problemas en las uñas y fue a la enfermería donde le suministraron una pomada azul. Juan dijo que la pomada no le hizo efecto porque debía regresar al trabajo inmediatamente y no tenía tiempo de recuperarse. El uso de guantes, según él, hubiese evitado la lesión pero nunca los pidió y sus supervisores nunca se los ofre-cieron. Al ver que sus uñas empeoraban, Juan decidió renunciar.

"Pedí otro puesto dentro de la planta donde no tuviera que hacer tanto uso de mis manos pero me cansé de esperar", dijo Juan. Ahora está buscando trabajo en otra planta.

Accidentes laborales suceden en compañías en los Estados Unidos, algunos son más graves que otros y nececitan atención médica. Pero según los expertos, todos los trabajadores, sin importar su estado legal, tienen derecho a recibir ayuda de sus compañías. Si un empleado sufre una lesión grave y no puede seguir trabajando, no puede ser despedido y tiene derecho a recibir la compensación laboral. Pero según informes, estas leyes no siempre se respetan o se aplican. Varios trabajadores en los EE.UU. han demandado a empresas por no cumplir lo establecido en la ley estatal y/o federal.

"Los hispanos se han convertido en una fuerza laboral en la industria avícola", según Paul Duncan, uno de los directores del Centro para estudios Latinoamericanos y del Caribe de la Universidad de Georgia.

Otros piensan que los hispanos quieren trabajar en las plantas de pollos porque es la manera más rápida de obtener un trabajo en los EE.UU. a pesar de su estado de inmigración. "La industria avícola contrata cada vez más hispanos porque tienen un mayor nivel de producción por salario recibido. Las compañías saben que la mayoría de hispanos son ilegales y no les importa recibir un salario bajo, no se quejan y no piden mejoras laborales", explica Cynthia Valles, especialista en relaciones públicas del Departamento de Agricultura de los EE.UU. en Athens.

También, explica Michael Stimper, vice presidente de Gold Kist, Inc., la industria avícola contrata hispanos porque realizan un buen trabajo. Por su parte, Stimper dice que los hispanos les gusta trabajar en la industria avícola debido al buen sueldo, la igualdad laboral, la seguridad a la hora de mantener el trabajo comparado a otras industrias y la casi ausencia de despidos.

La compañía Conagra Poultry contrata a 946 hispanos en sus plantas en Athens.

María, quien junto a los otras personas entrevistadas, pidió mantener su apellido en secreto, trabajó en la misma planta que Juan. Durante su trabajo sufría de frío, dolor de cabeza e hinchazón en las manos lo cual hizo que tuviera que ir a la enfermería de la planta donde le daban Tylenol o Advil. Según ella, las pastillas no la ayudaron y los dolores persistían. "Las polleras deberían poner más empeño en ayudar a los trabajadores, sobre todo los hispanos, porque creo que existe discriminación", dijo María.

Alvaro trabajó en un matadero dos veces, la primera por un año y medio empaquetando pollos y la segunda por un año limpiando máquinas. Alvaro dice que sus recesos o descansos eran de 10 minutos después de dos horas de haber empezado, 20 minutos a las cuatro horas y 10 más dos horas antes de salir. Sufría de dolor en las manos por el constante frío y humedad necesaria para mantener la carne de los pollos en buen estado. En la enfermería le proporcionaron un tratamiento de calor y frío por unos 10 a 15 minutos y pomadas pero debía regresar inmediatamente al trabajo con lo cual no tenía tiempo de recuperarse. Alvaro también tuvo cirugía y el seguro de la empresa pagó la operación.

No pudo trabajar por orden del médico pero, según Alvaro, sus supervisores le ordenaron que se presentara en la planta cada noche desde la medianoche hasta las 7 de la mañana (su horario antes de la operación) si quería que le pagaran. Alvaro fue a la planta cada noche y su supervisor le dijo que se sentara en una oficina o en el comedor. Cuando Alvaro pidió explicaciones, sus supervisores le dijeron que era para poder cobrar su cheque. Alvaro tuvo complicaciones de salud durante su recuperación y renunció al ver que la empresa no tenía intenciones de ayudarlo con los gastos del proceso de recuperación.

Javier trabaja en un matadero de pollos en Gainesville. Llamó al Departamento de Trabajo de los EE.UU. y habló con la Oficina de Seguridad y Salud Ocupacional (OSHA por sus siglas en inglés) para denunciar varios casos que según él incumplían la ley. Uno de estos casos fue la distribución de una hoja en blanco reuniendo firmas de trabajadores hispanos por parte de la planta. La hoja fue luego utilizada como prueba de que los empleados habían recibido el entrenamiento necesario de manejo de maquinaria y de seguridad, lo cual, según Javier, no sucedió. "En las polleras pasan abusos y nunca se hacen públicos. Te amenzan (los supervisores) por ser indocumentado y los trabajadores tienen miedo", admitió Javier. El Dept. de Seguridad y Salud Ocupacional realizó las averiguaciones pertinentes y los empleados recibieron el entrenamiento adecuado.

Javier también ha denunciado que muchas veces a los empleados se les niega el derecho de ir al baño. "He visto a gente hacerse pipi en los pantalones por miedo a pedir permiso porque muchas veces se lo niegan", explicó Javier. "Además, nos toman el tiempo que estamos en el baño y si nos pasamos nos llevan a la oficina del jefe", añadió.

El gobierno federal envía inspectores a las diferentes plantas procesadoras de alimentos para vigilar las normas de sanidad y de seguridad. "Las plantas llegan a procesar hasta 280 pollos por minuto y cada minuto cuenta", explica un ex-inspector federal. "Hay empleados que llegan a colgar unos 12.500 pollos al día, trabajan con mucho estrés". Muchos de los empleados, explica el ex-inspector, son trabajadores de tiempo completo pero no reciben todos los beneficios como tales. "No estoy seguro pero sólo cinco días pagados de vacaciones para un empleado de tiempo completo es poco", admite el ex-inspector quien ha inspeccionando mataderos de pollos en el estado de Georgia.

También, según el ex-inspector, los supervisores se aprovechan de que muchos empleados hispanos no hablan inglés. Creen que los empleados no los acusarán en caso de accidente. "Una vez un empleado se cortó un dedo porque alguien encendió la máquina que estaba revisando y los supervisores lo despidieron porque llegaron a la conclusión de que lo había hecho a propósito para no tener que ir a trabajar".

En ocasiones, las condiciones de trabajo son tan exigentes que los empleados no pueden terminarlo, dice el ex-inspector. "Un verano, con temperaturas de hasta 40 grados centígrados, vi como los empleados pidieron varias veces a los supervisores que encendieran un ventilador, los supervisores se negaron. Los empleados decidieron detener el trabajo y fueron a quejarse al jefe. El supervisor fue despedido pero algunos empleados no regresaron a trabajar y renunciaron", explicó el ex-inspector.

Cuando las quejas de los empleados no son tomadas en cuenta, suceden accidentes que pueden ser evitados. "Algunos empleados se quejaron de que había una fuga de gas pero los supervisores hicieron oídos sordos a pesar de que los empleados tenían los ojos irritados, dolor de cabeza y mareos. Tuvieron que desmallarse seis o siete empleados de 30 en esa área antes de que se detuviera la distribución, entonces atendieron a los enfermos y ventilaron la zona. Poco después comenzaron a trabajar en esa área otra vez", explicó el ex-inspector.

Estos son algunos ejemplos de experiencias vividas por trabajadores, ex-trabajadores o personas relacionadas con el mundo laboral de las plantas de pollos en el área de Athens y sus alrededores.

Algunas organizaciones velan por el cumplimiento de las leyes. Los trabajadores, incluidos los hispanos, pueden recurrir a estas organizaciones para denunciar abusos y pedir ayuda en cuestiones laborales.

OSHA y el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA por sus siglas en inglés) se encargan de inspeccionar las plantas y velar por el cumplimiento de las normas de sanidad y seguridad estipuladas en la ley. "Los empleados hispanos deben ponerse en contacto con nosotros y denunciar cualquier irregularidad. No estamos interesados en su estado legal, ni siquiera tienen que darnos su nombre, sólo queremos saber qué sucedió", explicó un representante de OSHA en Atlanta.

La oficina del Departamento de Trabajo de los EE.UU. en Atlanta emite unas 600 citaciones al año. "Hay un promedio de tres o cuatro infracciones por inspección", dice Joe Hoern, higienista industrial para el Dept. de Trabajo. "Si recibimos una queja, vamos y hacemos una inspección pero casi todas son inspecciones sorpresa".

Si se encuentra una violación, se da una multa la cual va desde los $1.000 hasta los $1.200 para la primera vez que se comete una infracción pero puede llegar hasta los $70.000 por infracción seria que se repita.

Entre 1998 y el 2000, OSHA realizó inspecciones a tres plantas procesadoras de pollos en Athens y Bethelem, las cuales resultaron en 54 violaciones por un total de $167.775 en multas pero fueron rebajadas hasta $53.834 después de acuerdos entre las dos partes.

La Unión de Trabajadores Comerciales y de Alimentos ayuda a los trabajadores hispanos a organizarse y hacer valer sus derechos pero no siempre es fácil. "Si recogemos el 30 por ciento de las firmas de los empleados de una planta, por ley tenemos el derecho de hacer una votación para ver si quieren ser miembros de la unión. Siempre intentamos conseguir el 60 por ciento para asegurarnos la victoria pero las plantas muchas veces ponen trabas", explica Javier Lamas, representante de la unión, Local 1996 en Atlanta. "Durante una votación, una planta trajo vigilantes privados vestidos como la migra (oficiales de inmigración) para impedir que los empleados fueran a votar y lo lograron", admite Lamas.

Una organización sin fines de lucro, la Fundación México Americana de Defensa Legal y Educación (MALDEF por sus siglas en inglés), provee ayuda legal y abogados sin costo alguno a grupos y organizaciones que lo necesiten, dijo Blanca Rojas, Directora de la Sociedad de Padres y Escuelas de MALDEF durante una presentación en la Biblioteca Pública de Athens. "Somos muy conocidos en estados como California pero tenemos poco tiempo en Atlanta y queremos que la gente de este estado se ponga en contacto con nosotros".

Por otra parte, las empresas procesadoras de alimentos también tienen algo que decir sobre la seguridad laboral. "Estamos muy orgullosos de nuestros em-pleados hispanos", dijo Ed Floyd, quien trabaja para Harrison Poultry en Winder. "Tenemos casi tres millones de horas sin un accidente, casi dos años".

Según Floyd, se considera un accidente cuando un empleado no puede trabajar por un día. Harrison Poultry cuenta con personal médico en la planta. "Tenemos una enfermera además de otra especializada en primeros auxilios. También tenemos una lista de doctores para que los empleados puedan visitar al doctor para una segunda opinión", dijo Floyd. Harrison Poultry cuenta con información en español y ofrece la oportunidad a los empleados de hacer escuchar sus opiniones y quejas.

"Hay formularios en español donde los empleados pueden denunciar productos peligrosos y la empresa hará lo necesario para resolverlo", explicó Floyd.

Por su parte, la empresa Gold Kist cuenta con un consejo de revisión de accidentes con la participación de trabajadores y supervisores los cuales estudian la causa del accidente, posibles soluciones y crean nuevas reglas para evirtar futuros problemas. Gold Kist ofrece entrenamiento en inglés y español al igual que una publicación bilingüe dentro de las plantas. Según Stimpert, "nuestra planta en Athens fue inspeccionada por OSHA para determinar accidentes en los tres primeros meses de este año y el resultado fue menor al promedio de accidentes del sector privado. Varias de nuestras plantas comparten este bajo promedio y estamos muy orgullosos".

Conagra fue contactada para este artículo pero la compañía no respondió.

Mientras se sigue debatiendo el tema de la seguridad laboral en los mataderos de pollos, trabajadores, organizaciones y empresas deben continuar trabajando para prestar un mejor servicio y trato a los empleados sin sacrificar la producción.

"Aunque la contratación de la última oleada de nuevos inmigrantes pareciera haber resuelto el problema de muchas compañías integradoras, esta contratación también ha hecho que se creen otros nuevos problemas. Las mismas fuerzas que han hecho que compañías como Fieldale, ConAgra y Gold Kist contraten a una gran cantidad de, aparentemente, dóciles trabajadores que no son parte de alguna unión, se verán oscurecidas por las ganas de eficiencia, competitividad y ganancia de las compañías y la presión de crear más respeto cuando los inmigrantes comienzen a ver a los EE.UU. como su país", dijo el profesor emérito de UCLA, Carl Weinberg, en su trabajo presentadó en la Reunión Annual del Proyecto de Industrialización del Sur en la Universidad de Kennesaw State en el 2001.



Local News

Worker Safety at the Chicken Plants

Por Enrique Carrión

Juan worked at a chicken plant where he hung hot chickens. After eight months on the job, Juan started having problems with his fingernails and went to the company's infirmary, where he was given an ice blue ointment. Juan said the gel didn't work because he had to return to work immediately and the gel didn't have time to set in. Using gloves, he believes, might have prevented the injury, but Juan never asked for them and his supervisors never offered. When he saw the problems with his nails were getting worse, Juan decided to quit.

"I asked for another job where I didn't have to use my hands so often, but I got tired of waiting," Juan said. Now he is looking for another job in another plant.

Accidents happen every day in companies across the United States; some are more serious than others, and some require medical attention. But according to experts, all employees, no matter their legal status, have the right to receive medical assistance from their employers. If an employee is seriously injured and cannot work, he can't be fired and can receive worker's compensation. But according to news reports and experts, such laws are not always respected or implemented. Nationwide, several employees have sued companies for not meeting state and federal laws.

Hispanics have become a larger labor force in the poultry industry, according to Paul Duncan, program director for the Center for Latin American and Caribbean Studies at the University of Georgia.

Others believe Hispanics are willing to work at the chicken plants because it is the fastest way to get a job in the United States despite legal status. "The poultry industry hires Hispanics more often because they can get a high production ratio per chicken unit with low payment because the companies know that most of Hispanics are illegal and are willing to get pay low salaries without complaints and will not ask for better working conditions," explains Cynthia Valles, public affairs specialist for the U.S. Department of Agriculture in Athens.

Also, explains Michael Stimper, senior vice president for Gold Kist, Inc., the poultry industry employs numerous Hispanics because they do a good job. On the other hand, Stimper says Hispanics like to work for the poultry industry because of the good pay, equal employment treatment, steadier work than other industries and fewer lay-offs.

ConAgra Poultry alone employs 946 Hispanics in its plants in Athens.

María, who along other people interviewed, has had her name withheld per their request,

used to work in the same chicken plant as Juan. During her job, she suffered from cold, headaches and swelling in her hands that made her have to go to the plant's infirmary where she was given pills such as Tylenol and Advil. According to her, the pills didn't help and the pain continued. "The chicken plants should be more eager to help employees, mainly Hispanics, because I believe there is discrimination," she said.

Alvaro worked in a chicken plant twice -- once for a year and a half during which time he packed chickens, a second time for a year when he cleaned machines. Alvaro said his breaks were 10 minutes long after the first two hours of work, 20 minutes after four hours and 10 more minutes two hours before leaving. He suffered from pain in his hands because of the constant cold and humidity needed to keep the meat in good shape. At the infirmary, Alvaro was given a cold and heat treatment for 10 to 15 minutes and ice blue ointment, but he immediately went back to work and didn't have time to recover. Alvaro also had surgery and the insurance provided by the company covered it.

He couldn't work by doctor's orders, but, according to Alvaro, he was ordered by his supervisor to show up at the plant every night from midnight to 7 a.m. (his schedule before surgery) if he wanted to get paid. Alvaro went to the plant every night and his supervisor told him to sit down in an office or cafeteria. When Alvaro asked for explanations, his supervisors told him to do it if he wanted to get his paycheck. Alvaro had health complications during his recovery and quit his job after seeing no signs of help with the recovery process expenses.

Javier works at a chicken plant in Gainesville. He called the U.S. Department of Labor and talked to the Occupational Safety and Health Administration (OSHA) to report several cases in which he felt laws were broken. One of these cases was the distribution of a white piece of paper petitioning for the signatures of Hispanic employees by the plant. That paper was later used as proof of proper training in handling machinery and safety by Hispanic employees that, according to Javier, never happened. "Abuses take place at the chicken plants and it's never made public. They (supervisors) threaten you for being undocumented and the employees are scared," admitted Javier. OSHA made the corresponding inquiries and the employees received the proper training.

Javier also reported that many times employees are not allowed to go to the restroom. "I have seen people pee on their pants because they are scared to ask for permission because many times they are not allowed to go," explained Javier. "Also, they clock the time we spend in the bathroom and if we go over, they take us to the supervisor's office."

The federal government sends inspectors to the different processing plants to oversee health and safety rules. "Plants can process all the way up to 280 chickens per minute and every minute counts," explains a former federal inspector. "There are employees that hang around 12,500 chickens per day, they work under a lot of stress." Most of the workers are full-time employees, but don't receive full benefits. "I'm not sure, but just five paid vacation days for a full-time employee is not much," admits the former inspector who inspected chicken plants in Georgia.

Also, according to the former inspector, supervisors take advantage of many Hispanics inability to speak English. They believe workers won't blame them for accidents. "One time, a worker cut his finger because someone switched on the machine he was taking a look at and the supervisors fired him because they reached the conclusion that he did it on purpose so he didn't have to go to work."

Sometimes working conditions are so demanding employees can't finish their work, said a former inspector.

"One summer, with temperatures all the way up to 100 degrees, I saw employees asking supervisors several times to turn a fan on, and supervisors refused to do it. Employees decided to stop working and went to talk to their boss. The supervisor was fired, but some employees didn't come back to work and quit," said the former inspector.

When employees' complaints are not taken seriously, avoidable accidents happen. "Some employees were complaining that there was a gas leak, but the supervisors didn't hear the employees complaints even after noticing that employees had irritated eyes, headaches, and dizziness. Six or seven employees out of 30 in that area had to faint before stopping distribution and then sick people were taken care ofand the area was ventilated. Not too long after, they started working in that area again," explained the former inspector.

These are some examples of the experiences lived by workers, former workers or people related to the labor world at the chicken plants in Athens and its surrounding cities.

Some organizations watch for observance of the law. Workers, including Hispanics, can turn to these organizations to report abuses and ask for help with labor issues.

OSHA and the U.S. Department of Agriculture (USDA) are in charge of inspecting plants and making sure health and safety rules are followed. "Hispanic employees must get in touch with us and report any irregularity. We are not interested in their immigration status, they do not even have to tell us their names, we just want to know what happened," explains an OSHA representative in Atlanta.

The U.S. Department of Labor office in east Atlanta issues about 600 citations per year. "There are an average of three or four violations per inspection," says Joe Hern, industrial hygienist for the office. "If we get a complaint, we go and do an inspection, but almost all inspections are surprise ones."

If a violation is found, fines are assessed, and they average $1,000 to $1,200 for first-time serious violations but they can go up to $70,000 for serious repeat offenses, explains Hern.

Between 1998 and 2000, OSHA made inspections to three poultry slaughtering and processing plants in Athens and Bethlehem, resulting in 54 violations totaling $167,775 in penalties initially. This amount was reduced to $53,834 after settlements.

The Commercial and Food Workers Union helps Hispanic workers get organized and makes sure their rights are respected, but it is not always easy. "If we can get 30 percent of all employees' signatures in the plant, by law we are allowed to have an election and vote to see if they want to be members of a union. We always try to get 60 percent to make sure that we can win, but many times the plants put up obstacles," explains Javier Lamas, union representative at Local 1996 in Atlanta. "During an election, one plant brought security guards dressed up as immigration officers to stop employees from going to vote and they achieved it."

A non-profit organization, the Mexican American Legal Defense and Education Fund (MALDEF), provides legal aid at no cost to groups and organizations, said Blanca Rojas, parent school partnership director for MALDEF, during a presentation at the Clarke County Public Library in Athens. "We are very well known in states such as California, but we have not been in Atlanta that long and we want people from this state to get in touch with us."

On the other hand, the food processing companies also have something to say about safety. "We are very proud of our Hispanic employees," says Ed Floyd, who works for Harrison Poultry in Winder. "We have almost three million hours without an accident, almost two years."

According to Floyd, anything causing an employee to miss a day of work is considered an accident. Harrison Poultry has medical personnel present at the plant. "We have a nurse and a first aid specialized nurse as well. We have a list of doctors posted that employees can visit for a second opinion," says Floyd. Harrison Poultry posts information in Spanish and offers employees the opportunity to voice their opinions.

"There are forms in Spanish where employees can report dangerous products and then the company will take necessary steps to fix it," explains Floyd.

Meanwhile, Gold Kist has an Accident Review Board with the participation of employees and supervisors who study the cause of accidents, possible solutions and create new rules to avoid future problems. Gold Kist offers training in English and Spanish and also has a bilingual publication inside its plants. According to Stimpert, "the Athens plant had an OSHA Lost Work Day Injury and Illness Rate (LWDII Rate) for the first three months of this year that was less than the Private Industry LWDII rate. The Private Industry rate would include office workers and the like. Several of our plants enjoy that kind of record, of which we are very proud."

Conagra was contacted for this article, but the company did not respond.

While safety at chicken plants is up for discussion, workers, organizations and companies must keep working to serve and treat employees better without causing production to go down.

"While the hiring of the latest wave of ‘new immigrants' seems to have solved some problems for the big integrators, it is only laying the basis for others. The same forces that have led companies like Fieldale, ConAgra and Gold Kist to hire large numbers of apparently docile, ‘union-free' workers, the drive for efficiency, competitiveness and profits will also lead companies to resist their demands for more dignity once they begin to view the United States as their country," said UCLA professor emeritus Carl Weinberg in his paper presented at the 2001 Annual Meeting of the Southern Industrialization Project at Kennesaw State University.

AEL


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