![]() |
Junio / June 2003 Vol. 1 Número / Issue 3 |
| Para la página central, haz click aqui / Click here for Home Page | |
Columnista
Piratas en la internetpor Jorge Ramos
Patricia no es ninguna criminal. Le cambié el nombre sólo para no avergonzarla. Tiene 15 años y es el símbolo de lo que más odian las compañias de música en Estados Unidos y en una buena parte del planeta. Patricia prácticamente ha dejado de comprar CDs en las tiendas y ahora se pasa horas copiando cientos de canciones a través de la internet. Patricia es una pirata de la internet. Debido a jóvenes como Patricia, la industria de la música bajó sus ventas en más del 10 por ciento durante el 2002. Este es su segundo año consecutivo de pérdidas y el 2003 pinta mal. Patricia tiene un "burner" o grabadora de discos compactos conectada a su computadora. La inversión no fue muy grande; los burners más baratos valen unos 70 dólares. Así, en lugar de gastarse 15 dólares para comprar un CD cada vez que quiere escuchar una canción que le gusta, entra a la internet, la baja o le hace un download y en menos de un minuto la copia en sus propios CDs. Hace poco copió 14 canciones de autores distintos y no pagó ni un centavo por hacerlo. Si hubiera ido a Virgin Records, a Blockbuster o a cualquiera otra tienda para comprar los CDs que tuvieran esas mismas 14 canciones se hubiera gastado 210 dólares. Esto le salió gratis. De postre, le hizo una copia de todas las canciones a un amigo y a una amiga. Y no pagó nada. ¿Cómo lo hace? Muy fácil. Prende la computadora, entra a la internet, se conecta con un sitio que se llama KaZaa (www.kazaa.com) y tras seguir unas simples instrucciones puede grabar o downlodear cualquier canción que quiera. Y luego la copia en su CD burner. Este sitio en la internet presume que más de 163 millones de personas en todo el mundo usan los servicios de KaZaa y que cada semana se unen al website casi tres millones más. KaZaa justifica su existencia al argumentar que sólo facilita el intercambio de archivos o files de distintas personas. KaZaa no cobra por sus servicios pero quien lo utiliza está bombardeado de anuncios. KaZaa, en realidad, vino a reemplazar lo que hacía Napster antes que un juez lo sacara de circulación. Patricia, no hay duda, se ha acostumbrado a conseguir gratis la música que le gusta. Le incomoda la idea de pagar por escuchar sus canciones favoritas y tampoco le satisface tener que escuchar 12 o 15 anuncios por hora en las estaciones de radio. La internet es, pues, su gran aliada. Pero, ¿es Patricia una criminal? ¿se está robando la música? Las compañías de discos y algunos cantantes dirían que sí a las dos preguntas. Hacer música es caro y requiere mucho talento y Patricia no está pagando absolutamente nada por tener acceso al producto del esfuerzo de otros. Para los ejecutivos y artistas, no hay mucha diferencia entre Patricia y los vendedores que ofrecen cassettes piratas en las esquinas de las capitales latinoamericanas: los dos roban. Sin embargo, Patricia, KaZaa y millones de jóvenes en todo el planeta tienen una visión mucho más demo-crática y bondadosa de este asunto. Ellos - dicen - lo único que hacen es intercambiar información que ya existe y música que alguien ya compró. Punto. Y no ven nada criminal en prestarse archivos de computadora. No es de extrañar que las compañias que venden CDs de Eminem o de música hip-hop pierdan más dinero que las que promueven a Celine Dion y conciertos de Bach. Quienes escuchan a Celine Dion y a Bach difícilmente saben usar la nueva tecnología MP3, ni conocen qué es KaZaa y creen que un burner (hornilla o quemadora, según su traducción al español) es lo que calienta la comida en una estufa. Lo que estamos viendo aquí es el choque de dos mundos - el corporativo y el de los consumidores - y el enfrentamiento de dos generaciones. La era digital ha globalizado la información de tal manera que prácticamente no hay censura ni límites. Y la música, al final de cuentas, no es más que un dato más en el chip de una computadora. Todo está ahora a un clic de distancia. ¿Hay soluciones en esta guerra musical? Sí, las hay. La empresa de computadoras Apple acaba de introducir un nuevo sistema llamado iTunes Music Store en que cobra 99 centavos de dólar por cada canción que se copia. Las cinco más grandes compañias de música en los EE.UU. apoyan la idea. Pero no Patricia. ¿Por qué va a pagar 99 centavos por canción cuando lo puede hacer gratis? No tiene ningún incentivo para hacerlo. Además todavía no tiene tarjeta de crédito. Y para una muchacha como ella que viva en América Latina 99 centavos por canción es demasiado caro: la cuarta parte del salario mínimo y suficiente para alimentar a una persona por un día. Copiar música, al final de cuentas, no es un robo para Patricia porque lo considera como una forma de publicidad y promoción, constante y sonante, para los artistas. Los nuevos cantantes, al comienzo de su carrera, estarían felices de saber que millones de personas en todo el mundo están escuchando su música. Aunque sea gratis. Ya luego, si tienen éxito, ganarán un buen billete en conciertos, camisetas y venta de discos. Otra opción para evitar el robo de música es un nuevo programa aún en desarrollo- que técnicamente bloquea las computadoras que traten de bajar canciones de la internet sin pagar. Pero los adolescentes como Patricia son muy listos y van a darle la vuelta a cualquier limitación legal o tecnológica- que les pongan. Además, no les importa que les llamen piratas. ¿Entonces? Entonces lo único que le queda a las compañias de discos es que empiecen a usar la internet para promover a sus artistas y que busquen formas más creativas de ganar dinero. Lo siento. Pelearse con jóvenes como Patricia, que son sus principales consumidores, que escuchan todos los días a sus propios artistas, es una batalla perdida. No hay nada que pueda detener una buena idea. Y ahí está la internet, KaZaa, los CD burners y Patricia para probarlo. Jorge Ramos, ganador del premio Maria Moors Cabot 2001, entregado por la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia por su sobresaliente cobertura de asuntos latinoamericanos. |
Columnist
Internet PiratesBy Jorge Ramos Patricia is not a criminal. I've changed her name only to protect her from any embarrassment. She is 15 years old and a symbol of what record companies in the U.S. and much of the rest of the world hate the most. Patricia has practically stopped buying CDs at music stores and now spends hours copying hundreds of songs from the Internet. Patricia is an internet pirate. Due to teenagers like Patricia, music industry sales suffered a decrease of more than 10 percent in 2002. This is the second straight year of losses for the music industry, and the outlook for 2003 isn't promising. Patricia has a burner' or CD recorder connected to her computer. The investment wasn't too big; the cheapest burners cost around $70. Now, instead of spending $15 to buy a CD each time she wants to listen to a song she likes, she just logs on to the Internet, downloads a song and copies it in less than a minute onto her own blank CDs. Just a little while ago, she copied 14 songs by different artists and didn't pay one cent to do it. If she had gone to Virgin Megastore, Blockbuster Music or any other shop to buy the CDs that feature these songs, she would have spent $210. Instead, she downloaded them all for free. On top of this, she's made copies of those songs for two friends who also haven't paid for single thing. How does she do it? Very simply. She logs on to the Internet, goes to KaZaa (www.kazaa.com) and after following a few easy steps, she can download any song she wants and copy it on her CD burner. This site on the Internet boasts about having 163 million people around the world using its services and every week almost three million more join from its web site. KaZaa justifies its existence by arguing that it just facilitates file exchange amongst people. KaZaa doesn't charge for its services, but while using it one is bombarded with pop-up ads. KaZaa, in reality, came to do just what Napster was doing before a judge decided to take Napster out of circulation. Patricia no doubt has gotten used to finding the music she likes for free. She doesn't like the idea of having to pay to listen her favorite songs nor the idea of having to listen to 12 or 15 ads per hour on radio stations. Because of this, the Internet is her great ally. But is Patricia a criminal? Is she stealing music? Record companies and some artists would answer yes to these two questions. Making music is expensive and requires a lot of talent and Patricia is paying absolutely nothing to access the product of others' work. For record executives and recording artists, there is not much difference between Patricia and street vendors who sell pirated cassettes on the streetcorners of Latin American capitals: both of them are stealing. Patricia, KaZaa and millions of young people over the world, however, have a more democratic and optimistic perspective on this matter. All they do - they say - is exchange information that already exists, music that somebody else has already bought. Period. They see nothing criminal about sharing computer files. It is not strange to find that companies selling Eminem or other hip-hop music CDs lose more money than the ones promoting CDs of Celine Dion and Bach concertos. Those who listen primarily to Celine Dion and Bach rarely know how to use new MP3 technologies, rarely know what KaZaa is and often think a burner' is just something used to heat food on a stove. What we are seeing here is a clash of two worlds the corporate and the consumer as well as a confrontation between two generations. The digital era has globalized information to the point that there are neither limits nor censure. In the end, music is nothing more than data in a computer chip. Everything is now just a click away. Are there any solutions in this music war? Yes, there are. Apple Computer company has just introduced a new system called iTunes Music Store (www.apple.com/music /store) that charges 99 cents for each downloaded song it offers. The five biggest record companies in the U.S. support the idea, but not Patricia. Why should she pay 99 cents per song when she can get them elsewhere for free? She has no incentive to do so. Besides, she doesn't have a credit card. And for a girl like her who lives in Latin America, 99 cents per song is just too expensive: it's the equivalent of one fourth of the minimum wage and enough to feed a person for a day. Copying music, in the end, is not stealing to Patricia because she considers it a constant and resonant way of promoting and advertising artists. Any new artist at the beginning of their career would be happy to know that millions of people across the globe are listening to their music, even if it is for free. Later, once they have become famous, they will make big money from concerts, T-shirts and CD sales. Another option to deter the online theft of music is a software program now under development that blocks computers trying to download songs from the Internet. But adolescents like Patricia are very savvy and will find a way to leap any limitation legal or technological thrown at them. Besides, they don't mind being called pirates. Therefore? Therefore the only thing left for record companies to do is start using the Internet to promote their artists and look for more creative ways to make money. I'm sorry: quarreling with young people like Patricia who constitute their main consumer base and who listen their own signed artists every day is a lost cause. Nothing can stop a good idea - and the Internet, KaZaa, CD burners and Patricia are there to prove it. Jorge Ramos is the anchor of Univision News and 2001 recipient of the Maria Moors Cabot Prize awarded by the Columbia University School of Journalism for excellence in reporting on Latin American issues. |
|
| © 2002 - Athens Eco Latino & Athens Banner-Herald | ||