Mayo / May 2003
Vol. 1 Número / Issue 2
Revista/Magazine
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Columnista

Soldados hispanos en la guerra

por Jorge Ramos

Campamentos Doha y Arefjan en Kuwait. Más de 30 mil soldados de origen hispano pelearon en la guerra. Y en mis tareas como corresponsal encontré a muchos soldados hispanos tanto en el frente de batalla en el sur de Irak como en los campamentos militares de Estados Unidos en Doha y Arefjan. Ambos campamentos están en Kuwait cerca de la zona de combate.

Me ha llamado mucho la atención lo fácil que es encontrar a combatientes que hablen español en la guerra. Otra, tan sorprendente, que hay muchos soldados nacidos en América Latina que no son ciuda-danos estadounidenses. Ellos, sin embargo, están dispuestos a dar su vida por Estados Unidos si fuera necesario. Recuerdo, en particular, dos casos: el de Diana Gonzalez y el de Cindy Segovia.

Diana Gonzalez, de sólo 19 años de edad, decidió meterse al ejército norteamericano — al igual que su hermana — tras los actos terroristas del 11 de septiembre del 2001. Conocí a Diana en el hospital del campamento del ejército norteamericano en Arefjan, muy cerca de la frontera con Arabia Saudita. Sus enormes y expresivos ojos le ayudan mucho en una labor que, a veces, parece imposible. A pesar de no ser sicóloga, la responsabilidad de Diana es conversar con los soldados heridos que vienen del frente de batalla. Unos han perdido a un compañero en el frente de guerra. Otros se han quedado sin un brazo o una pierna. Todos traen clavadas en su mente las esquirlas de la guerra.

Cuando conversé con Diana estaba aterrada de morir en un ataque químico o bacteriológico. Las amenazas de Saddam Hussein de que las madres de los soldados norteamericanos llorarían "lágrimas de sangre" la asustaron mucho. Desde luego que el régimen de Saddam ya terminó pero todavía no se separa de su uniforme protector ni de su máscara antigas.

"Yo soy criada en California desde que tenía dos años", me dijo. "Soy mexicana pero soy americanizada; tengo mi residencia pero nada más". Diana pudo haber nacido en Jalisco, México, pero conoce como pocos el corazón de los soldados norteamericanos.

Cindy Segovia, de 26 años, nació en Monterrey, México. Cindy había iniciado el proceso para convertirse en ciudadana norteamericana cuando la enviaron a pelear a Kosovo hace unos dos años. Al regresar de Kosovo reinició el papeleo para obtener la ciudadanía estadounidense pero tuvo que detenerlo todo, por una segunda ocasión, debido a que la mandaron a Kuwait. "¿Qué hace que una mujer mexicana luche por Estados Unidos?" le pregunté. "Yo pienso que soy americana porque he vivido en Estados Unidos toda mi vida", me contestó antes que hiciera la siguiente aclaración: "Soy mexicana y me siento mexicana, pero tambien soy americana". "¿Estás dispuesta a dar tu vida por (Estados Unidos)?" insistí. "Sí, claro", respondió sin parpedear y sin dudarlo.

A pesar de casos como el de Diana y el de Cindy, la mayoría de los soldados hispanos que lucharon en Irak sí son ciudadanos norte-americanos. El sargento Rafael Fernandez, nacido y criado en Cuba, está orgulloso de ser un infante de marina de Estados Unidos. Cuando hablé con él, se recuperaba en Kuwait de un accidente en el que una pesada ametralladora le cayó en el pie derecho y le partió en cuatro uno de sus dedos. Es irónico que esto lo hubiera sacado del frente de guerra en Irak después de haber peleado en por lo menos tres batallas dentro de Irak.

"¿Alguna vez pensaste en que estabas a punto de morir?" tuve que preguntarle al Sargento Fernandez. "Siempre", me dijo. "No sabes lo que va a pasar en la guerra". Contrario a lo que pensaba antes de llegar a Irak, la mayoría de los soldados a quienes entrevisté me confesaron tener miedo a la guerra y a morir. La diferencia entre ellos y el resto de los mortales es que los soldados, en un momento dado, superan ese miedo y están entrenados para sobrevivir.

No es ningún secreto que muchos hispanos deciden entrar al ejército de Estados Unidos, no por el deseo de entrar en combate, sino por las oportunidades educativas y escolares que surgen al ingresar. Antes del once de septiembre del 2001, el riesgo de ir a una guerra con el ejército de Estados Unidos era relativamente pequeño. Pero ahora que el presidente Bush ha establecido como prioridad la guerra contra el terrorismo y la lucha contra las naciones del "eje del mal" —Irak, Irán y Corea del Norte- las posibilidades de ir al frente de batalla se han multiplicado.

El comandante Mario Reyna, nacido en Coahuila, México, y nacionalizado estadounidense en 1987, ha visto un constante aumento de hispanos ingresando a la armada, a la marina o a la fuerza aérea. "Hoy en día hay muchas oportunidades para los hispanos para sobresalir en el ejército", me dijo con un cierto sentido de orgullo. "Buscan mejorar sus vidas; muchos entran para obtener dinero para luego ir a la universidad a estudiar".

Los padres del sargento José López nacieron en los estados mexicanos de Durango y Nuevo Laredo. "Nací americano pero mi corazón es de México", me comentó. José López entró a las fuerzas armadas "primero para ir a la escuela, pero me he quedado por orgullo; me gusta mucho el ejército". "¿Es difícil ser hispano en el ejército?" le pregunté. "No", me dijo, "la mayoría del ejército es hispano como yo". Bueno, no exactamente; sólo un diez por ciento lo es.

Pero es fácil comprender por qué lo siente así. Si José no hubiera entrado al ejército noteamericano nunca habría terminado sus estudios.

La alternativa para Manuel León, nacido en Los Angeles y de padres mexicanos, era mucho más clara: el ejército o las pandillas. "Me crié en las calles de Los Angeles y no estaba bien", me dijo."Entré (al ejército) para cambiar mi vida y es mejor de lo que yo pensaba".

Hay, sin embargo, hispanos que tienen otro tipo de razones para ingresar al ejército. "Estados Unidos ha proveído mucho para nosotros", me dijo José Fernandez, quien llegó de niño a Estados Unidos proveniente de México. Para el sargento Fernandez ingresar al ejército "es una forma de agradecer a Estados Unidos la forma en que nos ha ayudado".

Los soldados hispanos no son distintos a otros hispanos que se identifican, primero, con su país de origen. "¿Tú qué te consideras?", le pregunté a Araceli Renderos, "¿salvadoreña o americana?" "Salvadoreña", me dijo, "me hice ciudadana (norteamericana) ya, pero de todas maneras yo soy salvadoreña". Lo mismo ocurre con Armando Urriola. "Desde pequeño tuve una gran admiración por el ejército de Estados Unidos", me comentó. Pero al preguntarle qué se sentía, dijo "panameño" sin titubear.

Otros soldados tienen sus lealtades divididas. Mauricio Montalvo nació en Barranquilla, Colombia y pudo haber ingresado a dos ejécitos: al colombiano o al norteamericano. Decidió por éste último porque "los beneficios son mucho mejores". Pero al pedirle que se definiera se quedó en la cuerda floja: "Me siento colombiano y estadounidense, las dos cosas."

El chief Pedro Echeverría, de El Paso, Texas, y casado con una mexicana de Ciudad Juarez, tiene el mismo dilema que el soldado Montalvo. Al preguntarle con qué país se identifica dijo: "Me siento de los dos. De México y de Estados Unidos."

Está claro que en el ejército norteamericano hay miles de sol dados nacidos en el exterior o de padres extranjeros que están arriesgando su vida por Estados Unidos. Basta mencionar el caso del soldado hispano Edgar Hernández de Mission, Texas — quien estuvo como prisionero de guerra de los iraquíes por un par de semanas y que fue rescatado recientemente junto a otros seis soldados estadounidenses. Ojalá que el mismo reconocimiento que estos soldados hispanos están obteniendo en tiempos de guerra se pueda extender, para ellos, sus familias y otros inmigrantes como ellos, en tiempos de paz. Inshala.

Ya es hora.

Jorge Ramos, ganador del premio Maria Moors Cabot 2001, entregado por la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia por su sobresaliente cobertura de asuntos latinoamericanos.



Columnist

Hispanic Soldiers at War

By Jorge Ramos

Doha and Arefjan camps in Kuwait. More than 30 thousand soldiers of His-panic origin fought in the war. And in my duties as a correspondent I found many Hispanic soldiers on the front lines in the south of Iraq as well as in the military camps of Doha and Arefjan. Both camps are in Kuwait near the war zone.

It caught my attention how easy it is to find soldiers who speak Spanish at the war. Another surprise was that there are many soldiers born in Latin America who are not American citizens. But they are ready to die for the United States if necessary. I remember, in particular, two cases: Diana Gonzalez and Cindy Segovia.

Diana Gonzalez, only 19 years old, decided to join the United States military — same as her sister — after the terrorist acts of 9/11. I met Diana at the military hospital camp in Arefjan, close to the border with Saudi Arabia. Her big, expressive eyes help her a lot with work that sometimes seems impossible. Even though she is not a psychologist, she is responsible for talking with wounded soldiers coming in from the front lines. Some have lost friends on the battlefield. Others have lost an arm or a leg. All of them bring scars of war seared into their minds.

When I talked to Diana, she was terrified of dying in a chemical or biological attack. Saddam Hussein’s threats that the mothers of the American soldiers would cry "tears of blood" scared Diana a lot. Saddam’s regime may now be a thing of the past, but Diana still can’t bring herself to leave her protective gear and gas mask at all out of reach.

"I was raised in California since I was two years old," she said. "I am Mexican but I am American-ized; I have residency but nothing else." Diana may have been born in Jalisco, Mexico, but she knows as only few do the hearts of American soldiers.

Cindy Segovia, 26 years old, was born in Monterrey, Mexico. Cindy was initiating the process of becoming a U.S. citizen when she was sent to fight in Kosovo some two years ago. When she returned from Kosovo, she recommenced the process of obtaining her American citizenship but had to stop everything a second time because she was sent to Kuwait.

"What makes a Mexican woman fight for the United States?" I asked her. "I believe I’m an American because I’ve lived in the States all my life," she answered before adding, "I am Mexican and feel Mexican, but I am also American." "Are you ready to give your life for (the United States)?" I asked her further. "Yes, of course," she answered without pause for any doubt in her mind.

Beyond the cases of Diana and Cindy, the majority of Hispanic soldiers who fought in Iraq are American citizens. Sargeant Rafael Fernandez, born and raised in Cuba, is proud to be a United States Marine. When I talked to him he was recovering from an accident in which a machine gun had fallen on his foot and broken one of his fingers. It is ironic that he had to leave the battlefield because of this accident after having fought at least three battles in Iraqi territory.

"Did it ever cross your mind you were going to die?" I had to ask Sargent Fernandez. "Always," he told me. "One doesn’t know what will happen at war." Contrary to what I thought before arriving in Iraq, the majority of soldiers I interviewed confessed to being scared of the war and of dying. The difference between them and other mortals is that soldiers, in a given moment, surpass that fear and stand trained to survive.

It is not a big secret that many Hispanics decide to join the United States military not because they wish to fight but for the educational opportunities one receives for joining. Before 9/11, the risk of going to war after joining the U.S. military was relatively low. But now that President Bush has established the war on terrorism and the fight against "evil" nations — Iraq, Iran and North Korea - as a priority, the possibilities of going to war have multiplied.

Officer Mario Reyna, born in Coahuila, Mexico and who became a U.S. citizen in 1987, has seen a constant growth in the number of Hispanics joining the Army, Navy and Air Force. "These days there are a lot opportunities for Hispanics to make a name for themselves in the military," told me with a sense of pride. "They look to improve their life; many join to get money to go to school and study."

Officer José López’s parents were born in the Mexican states of Durango y Nuevo Laredo. "I was born American but my heart is Mexican," he told me. José López joined the army forces "first to go to school, but I have stayed out of pride - I like the military a lot." "Is it difficult to be Hispanic in the military?" I asked him. "No," he said, "the majority of the military is Hispanic like me." Well, not exactly - only ten percent is. But it is easy to understand why he feels this way. If José wouldn’t have joined the military, he could not have finished his studies.

The alternative choices for Manuel León, born in Los Angeles of Mexican parents, were much clearer: either join a gang or join the military. "I grew up in the streets of Los Angeles and it wasn’t good," he told me. "I joined (the military) to change my life and it is better than I imagine."

There are, however, Hispanics who have other reasons for joining the military. "The United States has provided a lot for us," said José Fernandez, who arrived to the U.S. from Mexico when he was a kid. For Sargeant Fernandez, joining the military "is a way of thanking the United States for helping us."

Hispanic soldiers are no different from other Hispanics that primarily identify themselves by country of origin. "What do you consider yourself?" I asked Araceli Renderos, "Salvadorian or American?" "Salvadorian," she told me. "I have taken (American) citizenship , but in every way I’m a Salvadorian. The same thing with Armando Urriola. "Ever since I was a child I have had a great admiration for the U.S. military," he said. But when I asked him where he feels he comes from, he answered "Panamanian" without any doubt.

Other soldiers are of divided loyalties. Mauricio Montalvo was born in Barranquilla, Colombia and could have joined two militaries: the Colombian or the American. He decided upon the latter because "the benefits are much better." But when asked to define himself, he was right in between: "I feel both Colombian and American."

Chief Pedro Echeverría from El Paso, Texas, who also married a Mexican woman from Ciudad Juarez, has the same dilemma as Montalvo. When asked what country he identifies with, he said: "From both, I feel. From Mexico and from the U.S."

It is clear that in the United States military there are thousands of soldiers who were born overseas or born to foreign parents who lived in the U.S. It’s enough just to mention the case of Hispanic soldier Edgar Hernández from Mission, Texas, who was an Iraqi P.O.W. for a couple of weeks and was recently rescued along with other six American soldiers. Let’s hope that the same recognition these Hispanic soldiers are receiving in times of war extends to their families and other immigrants like them, in times of peace. Insh’allah.

It was about time.

Jorge Ramos is the anchor of Univision News and 2001 recipient of the Maria Moors Cabot Prize awarded by the Columbia University School of Journalism for excellence in reporting on Latin American issues.



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